Mis tiras cómicas

Mis tiras cómicas
obra$ pública$

jueves, 26 de febrero de 2015

Dañan obras del tuzobus patrimonio histórico y ambiental

La colocación de dos paraderos del tuzobus, el cambio de adoquín a cemento, la destrucción del reloj solar y el daño a casi una decena de árboles históricos del jardín de los Niños Héroes, en el primer cuadro de Pachuca, violan la Ley sobre Protección y Conservación del Centro Histórico y del Patrimonio Cultural de la ciudad de Pachuca de soto, y son delitos avalados e impulsados por las secretarías de obras públicas estatal y municipal.
La ley municipal del centro histórico de Pachuca establece como delito la construcción de infraestructura que afecté la visibilidad y acceso al patrimonio histórico, además del daño a la vegetación que lo  acompaña, pese a ello, la Secretaría de Obras Públicas municipal permitió a la dependencia del mismo orden estatal, una serie de atropellos en el primer cuadro de la ciudad, así loevidenció la comunidad académica del Colegio Real de Hidalgo.
Por ello el académico Rubén Darío pidió que la Procuraduría de Justicia del Estado realice una inspección ministerial y determine los daños causados. “Que se finque responsabilidad penal en contra de las constructoras que están realizando estos trabajos de manera inadecuada, y a los inspectores que con su omisión han permitido estos daños”.
Según la arquitecta encargada del Centro Histórico de Pachuca, GabrielaCravioto, el jardín de los Niños Héroes necesitaba una intervención, la cual fue avalada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
“No se podía ni caminar por el deterioro en que se encontraba el adoquín, el reloj no funcionaba porque se encontraba entre dos árboles dándole sombra y propusimos su reubicación respetando sus principales piezas, al centro de la plaza”.
Sin embargo, el reloj solar que tenía más de 30 años, fue destruido, no reubicado.De acuerdo con el dictamen 1447/14 emitido por el INAH, el reloj solar a base de concreto con incrustaciones metálicas, presenta estructura deteriorada, por lo que se contempla como parte de los trabajos de intervención, remover esta pieza.
Rubén Darío argumentó que el INAH no tiene autoridad sobre dicho reloj pues no forma parte del catálogo de esta instancia. “Ese piso de adoquín es algo de nuestro propio territorio, del propio estado, esa piedra fue extraída de Huichápan, cuántos años llevaba y no estaba desgastado, era de las mejores piedras que teníamos en la ciudad, lamentable, como en su tiempo fue la pérdida del mármol de carrara en la plancha del Reloj”.
El adoquín estaba tan en perfecto estado que indebidamente (porque los reglamentos lo prohíben), la Presidencia Municipal autoriza los domingos la instalación de un tianguis de artesanías sobre esta área; “artesanías que tendrían un mejor efecto si las pusieran alrededor, como un muchas plazas del país”.
Además del daño al patrimonio histórico, las obras del tuzobus deterioraron las raíces de los seis ahuehuetes que se sembraron en honor a los Niños Héroes en la década de los cincuentas. “Son muy duros en la construcción de particulares, pero la presidencia está llenando de cemento toda la ciudad”.
Existe también un eucalipto de más de 150 años que ya existía desde antes de construirse el Jardín de los Niños Héroes, que es un gran pulmón para la ciudad y al cual, con maquinaria pesada y machete, se le arrancaron sus raíces en una profundidad de tres metros cúbicos. “Quitarle el soporte al árbol puede hacer que con un aire que sopla en Pachuca de hasta 80 kilómetros por hora, se pueda caer. Desprendieron raíces sin ningún apoyo técnico ni científico para que entre concreto. Ese es un deterioro, es un ataque y no está supervisado”.
José Martín Aguilar Martínez encargado de la obra al interior del Jardín del Arte por parte de la empresa Grupo Constructor Zacualtipán, dijo desconocer si existe autorización por parte del INAH o del INBA para su ejecución, y da por supuesto que las dependencias para las que trabaja su empresa, ya cuentan con permiso. Él sólo obedece lo que dicen y si es que le pagan, puede derribar el eucalipto centenario, sin criterio alguno. 

martes, 27 de enero de 2015

Pachuca: Ciudad sin vida

Platicando con una pintora, me decía que Hidalgo tiene todos los tipos de pobrezas: pobreza económica, pobreza cultural, pero sobre todo, pobreza de conciencia.

Una ciudad sin árboles y sin cultura, es una ciudad sin vida. Pero para las autoridades de obras públicas municipal y estatal,
su peor y acérrimo enemigo son los árboles. En Guerrero, una de las calles de más ambiente popular, se desató un nuevo frente contra el medio ambiente, sin que todos y nadie lo viera.

La banqueta de la calle de Guerrero, estaba salpicada de árboles, algunos pequeños y otros, entraban a su madurez. La remodelación de las banquetas y el cambio de cinta asfáltica, hizo que algunos o la mayoría, quedara con su raíz cubierta de cemento. Pequeño detalle. Sería absurdo pensar que los albañiles supusieran que estos árboles continuarán su vida normal con una plasta de cemento encima. No se lo plantearon, no les pasó por la mente. Por eso los poetas llaman a los árboles testigos mudos. Siempre pasan desapercibidos.

No ha bastado el derrumbe de árboles por el Tuzobus y por la explanada Bicentenario, ahora es la calle de Guerrero, después será la Plaza Independencia donde está el Reloj Monumental, ¿y después?

La explanada Bicentenario merece mención aparte. Ubicada frente a la colonia Venta Prieta y a cinco años de su edificación, es un elefante blanco equiparable a la Estela de Luz en la Ciudad de México, pues no representa ninguna aportación a la ciudad de Pachuca, carece de significado, y como una constante de las obras públicas, afectó al medio ambiente al acabar con decenas de árboles adultos que había en ese lugar.

Esa plancha de cemento, así como el monumento que alberga, llamado “Victoria del viento”, no es más que una tomada de pelo para el pueblo hidalguense, una leyenda sacada de la manga y una obra millonaria para que, pasados los años, los pachuqueños recuerden quién fue el gobernador que construyó ese símbolo de la ciudad.

Desde siempre ha habido una especie de obsesión por la obra pública. Es algo que sin duda todos los ciudadanos observarán prácticamente todos los días de su vida. Cientos de carros pasan por ahí, algunos surcan esta plancha de cemento, las más de las veces vacía. La gente no la siente propia. Sin vegetación ya, la plancha de cemento es un lugar inhóspito, sobre todo a las dos o tres de la tarde, cuando el Sol está en su apogeo.

Algunos eventos han poblado el lugar, sobre todo eventos políticos. Desde luego, con una carpa instalada, para que los funcionarios y el señor gobernador no sufran de las inclemencias del Sol. Atónita, he escuchado decir que los árboles en la ciudad solamente estorban, que no sirven para nada y que deberían desaparecer. Pero el ser humano es el rey de lo absurdo y prefiere una sombra artificial a la que generosamente le proporcionaban estos indeseables árboles.

Una ciudad viva, donde todo lo que es verde se sabe aprovechar y donde casi mágicamente la cultura se da por sí misma y no sólo en las artes, no es casualidad. Hay que ver la cara de Pachuca para saber quiénes son sus autoridades. “Por sus hechos os conoceréis”, dice la biblia.


Es inútil esperar a que las autoridades tomen en cuenta la voz pública. Es hora de que los ciudadanos le den voz a la ciudad, a lo que queda de la ciudad.