Mis tiras cómicas
obra$ pública$
lunes, 16 de julio de 2012
Si no hay tiros no hay cambio
Fannia Cadena
Muchos activistas y políticos de izquierda confían en que la forma de cambiar al país es mediante la vía electoral, siempre pacíficamente; otros por el contrario, están convencidos de que la única manera de una transformación real, es por la vía armada, a través de la revolución o la guerrilla, y es que si no hay tiros, no es revolución, y no hay cambios radicales.
Fue en los años posteriores al movimiento estudiantil de 1968, cuando en diversas partes del país, se formaron organizaciones de obreros, maestros y estudiantes para combatir, en justa razón, por sus derechos y conquistas que les absorbían el modelo capitalista. Pero fueron acallados y reprimidos con la muerte y en vista de los trágicos resultados que obtuvieron, las guerrillas se aquietaron hasta desaparecerse.
Aunque hoy en día las redes sociales son el espacio de la libre expresión de ideas, como la de que “si Enrique Peña Nieto llega a la Presidencia, va a haber madrazos”, en ningún sector de la sociedad hay visos de que se conforme entre la población un grupo de guerrilleros, la revolución está muerta.
Difícilmente se podría esperar que surja un nuevo Zapata del sector del campo, o que la iniciativa surja de los “yo soy #132”, o alguien que organice y una a la población a levantarse en armas por un mismo fin, el bienestar de todos. Es complicado e incluso disparatado, que algún universitario o jefe de familia asalariado, se enliste en un grupo guerrillero para revelarse en contra del sistema en que esta sometido el país.
Actualmente la sociedad se halla despolitizada, es decir, no le interesa la política, no quiere escuchar nada que tenga que ver con ese tema; se encuentra fastidiada y harta, pero los principales medios de cobertura nacional son los que se han encargado de presentar frente a los ojos y oídos de los ciudadanos, una política repetitiva, demagógica, desgastada, aburrida, con más de lo mismo.
Lo que reina es la indiferencia y en el peor de los casos, complicidad entre los ciudadanos. Las generaciones más jóvenes son conciencias apagadas, en la miseria o en el vicio. Ni en las universidades, donde se supone que se encuentra el sector más culto de la sociedad, los pensamientos libertadores no salen de las aulas.
La televisión entretiene y enajena de la realidad nacional, desvía la atención de los mexicanos mediante telenovelas, reality shows, partidos de futbol; hace operaciones sicológicas para manipular a las personas y hacer que tomen decisiones que van contra sus propios intereses o en el más frecuente de los casos, que no hagan nada.
La también llamada “caja estúpida” es una herramienta fundamental del fraude electoral y ha sido clave en la implantación, permanencia y crecimiento del sistema neoliberal en México. La televisión no es más que una maquinaria de engaño al servicio del poder, o sea, al servicio de los intereses privados del sistema neoliberal, quitándole armas a la población para pensar.
Entre tanto, continuará el modelo neoliberal impuesto en México, donde si es usted capitalista, no necesita trabajar para vivir, pero si no lo es, tendrá que trabajar mucho para vivir (y para el capital).
Pueblo dopado, gobierno gozoso
Pueblo dopado, gobierno gozoso
Fannia Cadena
“La opinión pública no opina ni analiza y sus voces no se reproducen más que como réplica de los estudios de opinión que fija prioridades en la agenda”. (Grupo TV Promo).
La administración entrante gobernará para una minoría de ciudadanos desinformados y enajenados, para el sector que lo encumbró, pero también para el incómodo 76% que no votó él.
México se siente triste; el ambiente de resignación, hartazgo y desesperanza es abrumador y hace eco en las redes sociales donde se manifiesta con libertad el malestar social ante el resultado del proceso electoral, que la mayoría de mexicanos adoptan como “luto nacional”.
En México se refrenda la corrupción, la desigualdad y la impunidad, para ofensa y burla de los ciudadanos que salieron a emitir su sufragio este 1° de julio, quienes creyeron ingenuamente que su voto seria respetado y que habría un limpio proceso electoral. Lejos de alarmarse por el alto nivel de abstencionismo, el 62 por ciento de participación ciudadana solamente legitima las elecciones.
Los medios de comunicación con mayor incidencia en la percepción de la sociedad, las autoridades electorales, los candidatos y políticos favorecidos mostraron una jornada electoral que transcurrió “en tranquilidad” y un proceso electoral “ejemplar”, cuando en las casillas se pudo constatar la compra de votos, así como el robo de boletas y urnas.
No en pocas ocasiones el deporte más popular en el mundo, el futbol, deja mensajes implícitos, moralejas para pensar. En la reciente Eurocopa, resultó campeón el equipo que sale a la cancha a ganar, el que propone y se arriesga; el equipo que juega limpio, no marrullero, el que trabaja en conjunto, pero sobre todo, el que respeta al rival y en la victoria –merecida-, es humilde.
Pero esta forma de lograr los objetivos queda reducida al mundo del futbol, porque la realidad nacional es otra. En México gana el mejor postor, el que mejor se acomode a los intereses del sistema, el que más trampas hace, el que busca beneficiarse a través de los medios más inmorales posibles.
Es triste ver que en regiones como la Sierra hidalguense, numerosas personas viven completamente despolitizadas, tanto como extremadamente pobres. Al preguntarles el motivo de confiarle su voto a determinado partido político, la respuesta es simple y sin sustento: “Por que sí”. “Porque siempre hemos votado por él, gane o pierda”.
Son votos inconscientes, ignorantes de la ideología que representa cada partido (suponiendo que tuvieran todos ellos, convicciones diferentes) y de lo que implica social y económicamente si estas facciones ganan. Agradecemos a la televisión la ignorancia y la despolitización de la población, porque aún en la pobreza el televisor ejerce su poder enajenante.
Puede haber casas con piso de tierra, sin servicio de agua potable o familias sin algún tipo de servicio de salud, pero no falta una televisión que impida a las personas pensar. Mientras no exista una sociedad pensante, los mexicanos tendrán el país que merecen.
Fannia Cadena
“La opinión pública no opina ni analiza y sus voces no se reproducen más que como réplica de los estudios de opinión que fija prioridades en la agenda”. (Grupo TV Promo).
La administración entrante gobernará para una minoría de ciudadanos desinformados y enajenados, para el sector que lo encumbró, pero también para el incómodo 76% que no votó él.
México se siente triste; el ambiente de resignación, hartazgo y desesperanza es abrumador y hace eco en las redes sociales donde se manifiesta con libertad el malestar social ante el resultado del proceso electoral, que la mayoría de mexicanos adoptan como “luto nacional”.
En México se refrenda la corrupción, la desigualdad y la impunidad, para ofensa y burla de los ciudadanos que salieron a emitir su sufragio este 1° de julio, quienes creyeron ingenuamente que su voto seria respetado y que habría un limpio proceso electoral. Lejos de alarmarse por el alto nivel de abstencionismo, el 62 por ciento de participación ciudadana solamente legitima las elecciones.
Los medios de comunicación con mayor incidencia en la percepción de la sociedad, las autoridades electorales, los candidatos y políticos favorecidos mostraron una jornada electoral que transcurrió “en tranquilidad” y un proceso electoral “ejemplar”, cuando en las casillas se pudo constatar la compra de votos, así como el robo de boletas y urnas.
No en pocas ocasiones el deporte más popular en el mundo, el futbol, deja mensajes implícitos, moralejas para pensar. En la reciente Eurocopa, resultó campeón el equipo que sale a la cancha a ganar, el que propone y se arriesga; el equipo que juega limpio, no marrullero, el que trabaja en conjunto, pero sobre todo, el que respeta al rival y en la victoria –merecida-, es humilde.
Pero esta forma de lograr los objetivos queda reducida al mundo del futbol, porque la realidad nacional es otra. En México gana el mejor postor, el que mejor se acomode a los intereses del sistema, el que más trampas hace, el que busca beneficiarse a través de los medios más inmorales posibles.
Es triste ver que en regiones como la Sierra hidalguense, numerosas personas viven completamente despolitizadas, tanto como extremadamente pobres. Al preguntarles el motivo de confiarle su voto a determinado partido político, la respuesta es simple y sin sustento: “Por que sí”. “Porque siempre hemos votado por él, gane o pierda”.
Son votos inconscientes, ignorantes de la ideología que representa cada partido (suponiendo que tuvieran todos ellos, convicciones diferentes) y de lo que implica social y económicamente si estas facciones ganan. Agradecemos a la televisión la ignorancia y la despolitización de la población, porque aún en la pobreza el televisor ejerce su poder enajenante.
Puede haber casas con piso de tierra, sin servicio de agua potable o familias sin algún tipo de servicio de salud, pero no falta una televisión que impida a las personas pensar. Mientras no exista una sociedad pensante, los mexicanos tendrán el país que merecen.
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